Desde el momento en que nacieron, Rin y Len parecían destinados a caminos opuestos. Aunque eran gemelos, no podían ser más diferentes. Len era el niño luminoso, alegre y fácil de amar. Su sonrisa iluminaba cada habitación y sus padres, Monika y Amane, no tardaron en convertirlo en el centro de su mundo. Rin, en cambio, era una figura silenciosa. Observaba todo con sus ojos extrañamente claros, casi etéreos, que parecían incomodar incluso a su propia familia.
No fue una sorpresa que Rin aprendiera a ser invisible. Sus padres apenas lo miraban, y si lo hacían, era para compararlo con Len silenciosamente. “¿Por qué no puedes ser más como tu hermano?”, pensaban. esas palabras que aunque no se dijeran eran evidentes le dejaban cicatrices profundas. En la escuela, las cosas no eran mejores. Sus compañeros lo ridiculizaban por sus ojos. Era "raro", "extraño", "diferente".
Len, consciente del dolor de su hermano, trataba de protegerlo. Un día, le ofreció unos pupilentes de color amarillo, una tonalidad idéntica a los ojos de Él. “Si los usas, dejarán de molestarte”, le dijo con una sonrisa amable. Rin aceptó, no porque creyera que cambiaría algo ni mucho menos por convencimiento, sino porque era más fácil ceder. Pero las promesas de Len no fueron suficientes para evitar que Rin se sintiera una sombra en su propia familia y eso crecía día a día.
Uno de los mayores bullyings y apostadores de ese odio que recibía Rin era Ye-Jun, un joven que a solas con Rin parecía ver algo en ella que nadie más veía. Al principio, Ye-Jun fue amable, atento, incluso cariñoso. Rin, hambrienta de afecto, se aferró a esa relación como si fuera su única ancla. Pero esa conexión pronto se volvió tóxica. Ye-Jun nunca quiso que Rin mostrara su verdadero yo. Lo escondía de sus amigos, le ridiculizaba en privado y le hacía sentir que su amor era un favor, no un derecho.
Una noche, tras una discusión particularmente cruel, Rin finalmente estalló. —¿Por qué siempre me haces sentir como si fuera un error? —le preguntó, con los ojos quemándose de lo rojos que estaban. —¿Por qué siempre tengo que esconderme? —le reclamó, con una vos totalmente rota.
—Porque no entiendes lo raro que eres. Nadie más te aceptaría. —Ye-Jun lo miró con desprecio. —Eso es lo que eres, Rin. Nadie más te aceptaría como yo lo hago.
Esas palabras rompieron algo dentro de ella. Esa misma noche, Rin se paró frente al espejo de su habitación. Tomó unas tijeras y comenzó a cortar su cabello. Cada mechón que caía al suelo era un pedazo de su antigua identidad que desaparecía. Se sentía tan eufórico y perdido que tras dar un mal movimiento golpearía su cabeza contra la pared y simplemente caería inconciente en el piso mientras un leve rastro de un líquido rojo carmesí saldría de su naríz.
Cuando despertó casi 17 horas después, Rin ya no existía. Ahora era Ren y su habitación no era nada más que el rastro de lo poco que quedó de “ELLA”; entonces, se incorporó nuevamente en la ahora desastrosa habitación y miro su distorsionado reflejo y no puedo encontrar más que una figura que no podía ni siquiera mirar bien y al notar su terrible he irreversible error no puedo más que comenzar a aterrorizarse mientras daba indicios a un nuevo episodio maníaco y perdía control de si mismo cada vez más y más mientras el reflejo comenzaba a tomar vida y dejaba de estar tan distorsionado, estando tan inestable sus labios aún temblorosos — “¡CONTROLATE A TI MISMA!” — Fue lo único que pudo mencionar con un tono tan desgarrador aún al borde de perder la cabeza.
Durante su aislamiento Ren decidió Adoptar una imagen fuerte, desafiante. Se refugió en la música y la fotografía, las únicas cosas que le ofrecían algo de paz. Sus canciones eran crudas, llenas de rabia y vulnerabilidad, y rápidamente comenzaron a atraer la atención de la gente. Ahora él no era solo una nueva identidad; era una mezcla de liberación y autodestrucción. Fue en este periodo que conoció a Mark, un joven fotógrafo que compartía su pasión por el arte. Mark parecía diferente. Era amable, atento y siempre dispuesto a escuchar.
—¿Tu lente está rayado? Toma este. Entre fotógrafos debemos ayudarnos, ¿no crees?
Ren sonrió levemente. Era raro que alguien fuera amable sin un motivo oculto, o al menos eso parecía.
—Tu trabajo es impresionante. Tienes un talento único, Ren, cierto? —le dijo una vez, mientras revisaban juntos unas fotos.
Por primera vez en años, Ren sintió que alguien lo veía como algo más que una sombra.
Mark no fue a el único que conoció por medió de la fotografía si no que también esa pasión le llevo a conocer a Kenji en el club de fotografía de su escuela, y poco despues el talento de Ren lo llevó a debutar en Nouva, un grupo idol que prometía fama y reconocimiento junto a Kenji. Sin embargo, detrás de las luces y los aplausos, el mundo del entretenimiento era despiadado. otro miembro del grupo.
Aunque. A la principio Kenji fue amable con REN he incluso coqueto, desde que comenzó el debut del grupo, parecía tener algo contra Ren. Lo menospreciaba en cada oportunidad, y lo que comenzaba como comentarios sarcásticos pronto escaló a algo mucho más oscuro. Después de un ensayo particularmente agotador, Kenji lo acorraló en un pasillo vacío.
—Escucha, Ren. No importa cuánto te esfuerces, siempre serás solo una persona con un poco de suerte.
Ren no respondió, pero las palabras de Kenji lo perseguían como un eco constante. Con el tiempo, las tensiones entre ellos llegaron a un punto crítico. Kenji no solo lo maltrataba emocionalmente, sino que también comenzó a sabotearlo durante las presentaciones. Ren, agotado, decidió que no podía seguir en el grupo.
En medio de tanta oscuridad, Ren conoció a Sana. Ella era diferente a todos los demás. Se conocieron en un momento casual, cuando Ren buscaba algo en los casilleros de la escuela.
—Hey, ¿necesitas ayuda? —le preguntó Sana, con una sonrisa despreocupada. —Tu cabello es genial. ¿Siempre lo llevas así? —le preguntó con una sonrisa.